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  SEUDÓNIMO

Para comprender el porque y el origen de su seudónimo de Juan Villanueva Rodríguez, establecemos una relación con sus antepasados y presentamos el legado escrito que él mismo dejara.


De cómo y por que llevó el seudónimo Bagate.


ANTEPASADOS

•  José María Villanueva Romero BAGATE I (1784-1899) Vivió 115 años. Fue un famoso orfebre que diseñó y confeccionó vasos sagrados y custodias de diferentes ciudades del Perú, siendo su obra cumbre la custodia de Cajamarca llamada “ LA HERMOSA ”. Hecha en oro en tres cuerpos con piedras preciosas.

El primer cuerpo se le denomina el viril en donde en la parte central se encuentra la Santa Hostia y al finalizar tiene un clavo para encajar con el segundo cuerpo. En esta parte se encuentra un león cuyo cuerpo es una perla y tiene su melena y rabo de oro.

•  Juan Villanueva BAGATE II (1818 – 1908) Siguió la línea de su padre destacando también en orfebrería.

•  Juan Belisario de la Cruz Villanueva Soto BAGATE III (1843 - 1938) Destacó en platería. Se casó con la Sra. Mercedes Rodríguez.

•  Juan Del Carmen Villanueva Rodríguez BAGATE IV (1893 – 1969)


 

 

DE CÓMO Y PORQUE LLEVÓ EL SEUDÓNIMO “BAGATE”

A mis descendientes

Todo en la vida, tiene su razón de ser, y, las personas o cosas suelen llamarse tal o cual según las circunstancias o hechos de la propia existencia. He pintado y soy conocido en el ambiente artístico de la pintura con el seudónimo de BAGATE , que llevo orgulloso porque sintetiza la particular de mi estirpe modesta pero digna.

Como es que firmé mis cuadros con el antedicho seudónimo de y cual es la razón de haberlo usado, es el propósito de estas líneas que las escribo en el atardecer de mi vida y para los míos en forma predilecta como cariñosa.

De los relatos de mi padre, allá en mi vieja tierra y al rescoldo del calor del hogar y en medio de mis recuerdos de niño, surge esta historia que conlleva la verdad porque sin ella, mejor dicho desprovista de lo fidedigno no tendría valor alguno, y, lo que yo quiero es eso precisamente, lo cierto. Aquí va la historia.-

A principio del siglo pasado vivía en la ciudad de Piura un matrimonio que lo componía don José Villanueva. Hombre probo y honrado labrador de la tierra y a quien cariñosamente lo llamaban el “Zambo José”, por lo cetrino de su piel y lo amable de su trato.- Manuela Romero, mujer buena y sencilla era su esposa, dedicada a las tareas del hogar y que por tener tierras disfrutaban de algún bienestar económico.

Pasados algunos años, Manuela enfermó gravemente y la prescripción médica fue que debían radicarse en la sierra, siendo el hoy distrito de San Pablo el lugar elegido de su mudanza. Aquí el zambo José se hizo de muchas tierras y formó el fundo denominado Cuñiz. Al poco tiempo Manuela Romero mejoró notablemente y llena de ansiedad esperaba naciera el hijo que ansiaba y que haría su felicidad, pero por cosas de Dios éste no vino nunca. El zambo José buscó, en medio de su soledad quizá, como paliativo el que habría de ser su vástago. Así conoció por aquellos lares a una hermosa mujer a la que amó con toda pasión. Fruto de este amor fue el advenimiento de una criatura que afloraba a la vida con el signo de no ser justamente el hijo del matrimonio pero si el de la comprensión y el consuelo. Creció este niño cerca y lejos del padre, hasta que a la edad de siete años, mediante un hábil ardid de José que convenciera a Manuela de la necesidad de traer a casa un varoncito a fin de que en cierta forma compensara la ausencia de ese hijo que no estaba, pasó a vivir en la vieja casona en la que disfrutaría mas tarde no solo del natural cariño, sino de la comprensión que tanto necesitara. Estaría de más decir que Manuela volcó su amor y sus cuidados y es así que comenzó a bautizarlo con el nombre de JOSE MARIA VILLANUEVA ROMERO. Creció y se fue ambientando; pero como era natural extrañaba a su madre y en el afán de tenerla se escapaba asiduamente. Esto preocupó desde luego a Manuela, y para tener seguridad de que nada le pasaría encomendó a un semanero o guardián, su custodia y a quien advertía: no te descuides de este badulaque. Uno de esos días el guardián entró gritando: ¡ Señora, Señora, el Bagate ya se fue!. A lo que Manuela replicó sorprendida ¿quién es Bagate?. El semanero le replicó que se refería a su hijo y que ella le había dicho cuida del Bagate. (Se refería desde luego al término bagate como badulaque). Manuela sé echó a reír y ya no formuló mayor aclaración. Desde aquel día ya nadie le llamaba por su nombre sino le decían ¡Bagate!.

La familia dejando ese pedazo de tierra cajamarquina se trasladó a Piura, lugar en el que fuera educado José y más tarde se dedicó a la platería, llevado por su connotada vocación artística.

José María se convirtió en poco tiempo en un orfebre de fama y sus obras fueron admiradas por las principales ciudades del Perú, pues no hubo iglesia de importancia que no tuviera su custodia y que no fuese obra de éste magnífico artista de la platería. Las obras fueron poco a poco convirtiéndose en joyas de museos particulares y del Estado, es así como crecía su fama y se esparcía el sobrenombre de “Bagate”.

Muertos sus padres regresó a Cajamarca, aquí hace familia y abre su taller confeccionando obras de muy especial recordación, como la custodia de Cajamarca, que justificadamente la llamaban “ LA HERMOSA ” que posteriormente fue robada y restituida después

Mi recordado padre, don Juan Belisario Villanueva, a la sazón su nieto, aprendió el oficio a su lado y captarle la técnica en la confección de objetos de plata. Recibió el legado de sus herramientas y en especial su honradez ¡ tu también eres Bagate le decían sus amigos lo que indiscutiblemente constituía sano orgullo para él!. Pero una mortificación para mi santa madre, en especial cuando oía que a sus hijos nos llamaban los ¡Bagates!

Yo niño, posiblemente con intuición por un lado, cariño y vocación por el otro gustaba dibujar las formas ornamentales y luego buscaba el secreto de la composición de los objetos dentro de la naturaleza y, en ese afán comencé por ejecutar algunos dibujos que seguramente fueron del agrado de las gentes de aquella época, y cuando mañana mas tarde hube de coger la paleta y el pincel, pensé que ningún seudónimo cabria mejor que el de BAGATE , porque como dije líneas arriba es la particular gama de mi estirpe y porque creo, hasta hoy, que nada me enorgullece más que firmar mis telas con estas letras.

Así ha pasado el tiempo y a mis hijos les llaman “Bagates”. Muchos de ellos pintan sé que también a ellos les gusta que les llamen así.- Ojala que entre mis nietos y demás descendientes haya quien pinte, y grande sería saber aun sea desde él mas allá, que se firme “BAGATE” .

 




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